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Reseña de «Mi vida en otra parte», de Fernando Ontañón, en RELEE. Por Ana Domènech

Diecisiete años después de abandonar la ciudad en la que ha pasado su niñez y adolescencia, Antía regresa como escritora de éxito a presentar su última novela. ¿Qué hay en esta Antía de la anterior? ¿Qué recuerdos de aquellos años cruciales vuelven a su memoria?

Mi vida en otra parte nos traslada a esos años de la adolescencia de Antía que dejaron una huella profunda. En el instituto, Antía sufre acoso escolar, un grupo de de compañeras de clase han decidido hacerle la vida imposible. Esa tortura que se ha convertido en rutina solo la alivian sus dos amigos, Julia y Víctor, apoyos incondicionales, pero Antía también conocerá a Roque, la ilusión del primer amor.

Roque es luz en medio de la oscuridad, es diversión, sexo, abrazos; es sentirse protegida, lejos de las indeseables zorraputas, como ha bautizado a sus acosadoras. Roque es ese primer amor, que todos hemos conocido, que te descubre. Él ve en Antía una compañera con la que compartir los referentes culturales que marcan su adolescencia: la música de Lou Reed, los poemas de Manuel Vilas, las películas de Woody Allen… Tardes de sexo, cine, buena música y lecturas, aislados del mundo.

Sentirse identificados con Antía y Roque, recordar que un día fuimos así, es mérito de Fernando Ontañón (Santander, 1972), que ha sabido recrear el universo privado de dos adolescentes en los que el lector puede reconocerse: esa emoción de encontrar en el otro un lugar seguro, un cobijo, experimentar el placer, la complicidad. En algunos momentos, sentía que me estaba leyendo a mí, una parte de mi juventud.

Ontañón alterna el pasado de Antía, narrado en tercera persona, con el presente, en el que da voz a la Antía adulta y la convierte en la narradora: Antía expresa sus inquietudes al llegar a la ciudad de la que se marchó hace diecisiete años. Flasbacks con diálogos y escenas de la vida adolescente de Antía se mezclan con las reflexiones de la Antía madura. El texto fluye y el autor consigue ese equilibrio entre las dos voces, y que el lector se interese por igual en el presente de Antía, lo que está sucediendo, lo que le espera al llegar a esta ciudad que nunca se nombra, y por conocer los detalles del pasado de la protagonista, el desenlace que acabó en huida.

Mi vida en otra parte también reflexiona sobre la literatura como desahogo, como catarsis; escribir para conjurar los demonios, para convertir en personajes y ficciones personas e historias de nuestra vida, mezclando verdades y mentiras. Una historia que habla también sobre el éxito y el fracaso, una novela que es también un homenaje a los genios que nos inspiran.

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