Empleamos cookies, según las condiciones expresadas en nuestro aviso legal.

Reseña de “La puta y la niña que soñaron Berlín” en Zenda, por Laura Riñón

Una de las mejores y más valientes voces de la actualidad

                                                                                                                       Laura Riñón

David Vicente es un maestro en el arte de destrozar las etiquetas en sus escritos. Para él la literatura parece ser algo más que una mera necesidad de escribir y descubrirse en los textos de otros: él necesita reivindicar algo cada vez que se enfrenta a la incertidumbre del folio virgen. Y siempre lo hace iluminando los rincones en los que la vida, dentro y fuera de los libros, coloca a los ignorados, a los más desfavorecidos o a los injustamente castigados.

Con La puta y la niña que soñaron Berlín David se ha superado a sí mismo, algo que no era nada fácil viniendo de donde venía; su última novela, Isbrük, editada por Pre-Textos, galardonada con el Premio internacional novela corta Ciudad de Barbastro, 2017, es una novela en la que su autor dedica un particular e inolvidable homenaje a una de sus musas más admiradas: la soledad.

La puta y la niña que soñaron Berlín es una novela que sobrecoge desde el guantazo de la primera página”

La puta y la niña que soñaron Berlín es una novela que sobrecoge desde el guantazo de la primera página. Esta es una de esas realidades de las que pocos escriben y muchos hablan, la vida y sus apariencias. Los personajes son los que son, el título no lleva a engaño: hay una puta que vive más allá de su cuerpo trabajado y una niña que sobrevive en una infancia de ausencias y anhelos. Hay sueño incierto que las une a ambas. Y hay también voces que castigan incluso al lector por quedarse impasible frente a la historia en lugar de zambullirse entre los párrafos para rescatar a las víctimas inocentes.

David conmueve y sacude, escribe frases inmortales que te hacen retroceder para no olvidar ninguna palabra. Sonríes cuando lees lo que escribe y musitas «¡qué cabronazo!» más de una vez, porque envidias el magistral estilo de su escritura. Me permito opinar más allá de lo que debería, pero no puedo no decir que creo que la voz literaria de este autor es una de las mejores y más valientes voces del panorama actual. Es un maestro, sí, no en vano imparte clases de escritura en su propia escuela y lee tantos libros como le permiten sus días cargados de obligaciones. Y eso se nota. Lo de leer y lo de aprender enseñando.

Etiquetado ,

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *