Skip to content

Edición rústica con solapas en papel premium

Reflexiones a la orilla del tiempo. Algunos tés imprescindibles

Marifé Santiago Bolaños

Un recorrido filosófico por los tés más deliciosos. Todo un goce para los amantes del pensamiento

 

Rústica con solapas y guardas 156 páginas
ISBN: 978-84-124550-9-0

20,00 IVA incluido

Escucha la playlist del libro

Tuve un amigo entrañable que una vez se levantó, de madrugada, desasosegado por si no le quedaba tiempo para volver a leer a Proust; este libro se despide con un té que le pertenece. Alguien así, al que despiertan los propios sueños, enciende una lámpara que, milagrosamente, no se apaga, como en la fiesta judía.

Cuando empecé a pensar que tenía que reunir fragmentos de vida publicados aquí y allá con momentos en marcha que parecían derivar de ellos, recordé esa alegórica enseñanza de mi amigo y su necesidad de volver a En busca del tiempo perdido. Una pérdida que no supone abandono o descuido, sino el dejar inevitable que va construyendo la partitura de nuestra existencia. No ha sido demasiado difícil buscar qué momentos de ese tiempo perdido se convertirían en Reflexiones a la orilla del tiempo: algunos tés imprescindibles. Ha bastado escuchar la canción de la memoria de esta última década, que es más o menos lo que abarca su escritura.

En las hojas de este libro laten la edad y los caminos, viajes y sueños que lo parecieron. Fotografías, conversaciones. E instantes que necesitaron posar la frente en la ventana de las cosas, con los ojos cerrados y en soledad. Penumbras, ausencias, rostros y manos que le dan sentido a nuestra vida, que ensayan un sentido.

Ensayo, diario, testimonio, un nomeolvides. En el tiempo suspendido, nos descubrimos rodeadas de muchas de aquellas palabras que todavía no sabían nombrar, y de otras muchas a las que habían encerrado para que no nombraran. Y ordenamos el futuro de un libro y preparamos un té. Y el libro estaba concluido.

Me dejaba una nota en la puerta del universo pidiéndome que buscase aquel tiempo que se perdió. Y añadía: «Este té ha de ser un Darjeeling Ringtong; un té negro de segunda cosecha, para que entregue, en su experiencia de la vida, una cierta madurez con reminiscencias de las frutas de algunos míticos paraísos».

Marifé Santiago Bolaños

Marifé Santiago Bolaños

A la orilla del mar, una madrileña que tendría diez u once años, entregó en ofrenda su vida a la escritura. Esa niña llegó a ser la mujer que soy yo ahora. El tiempo que media entre su pasado y el porvenir, dado que se trata de las palabras que crean el mundo, no se cuenta por días, sino por recuerdos y por imágenes de lo que aguarda todavía entre las calles y el horizonte. Estudié Filosofía para entender no entendiendo, para intentar que la ciudad que portamos tuviera, siempre y en cualquier sitio, afán de Belleza. Cada libro escrito es un homenaje a aquella niña lectora de sueños, espectadora agradecida ante la escena teatral de un atardecer inabarcable, como lo son los versos y la dignidad. Cuando doy clase, algo que ocurre con la frecuencia de las profesiones, no olvido nunca el temblor de aquellos ojos y la felicidad del descubrimiento que, como tal, requiere ser compartido. Porque las balas que se pierden no hacen daño; bien al contrario, se rebelan contra el dolor y lo transforman en significado, es decir, en la posibilidad de un jardín.
Carrito
Volver arriba
Buscar