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Manuel Horno

Cuando la novela llegó a manos de Lorena Carbajo, a la que aun no tenía el placer de conocer, me pidió que le escribiera contándole algo sobre mí. Aquel mail me costó lo suyo. De lo que teclease, pensé, podía depender que mi manuscrito viese la luz de una vez por todas.

En mi biografía, aunque la lectura me hubiese acompañado siempre y los diarios durante una buena parte de mi adolescencia y juventud, la escritura, como tal, no aparece hasta los últimos años. No parecía una buena presentación para un aspirante a escritor. Al final le conté poco más o menos lo que acabo de contar aquí. Quizá más elaborado (no voy a negarlo) para intentar impresionar. La escritura es ficción, aunque la basemos en los hechos más reales.

No sé si soy bala perdida o no, pero con cincuenta años tengo la conciencia clara de que mi vida ha sido, y sigue siendo, una búsqueda, que un 13 de enero de finales de los sesenta mis padres me lanzaron al mundo y ahí sigo. ¿Perdido? No lo sé. Sí sé que he encontrado un filón de disfrute, un complemento perfecto a mi pasión por leer, un modo de ocupar el tiempo, yo que vivo de espaldas a la televisión, a las tecnologías y a las redes sociales, y también sé, paradojas del lenguaje, que no sé cuánto va durar, ni cómo va a evolucionar.

Quizá Las Haraganas se quede ahí, en una más de mis experiencias vitales. Pero ojalá no, y en ello estoy. Ojalá ser Bala Perdida signifique haber encontrado un lugar, con todo lo que eso significa, que me empuje a seguir escribiendo.

 

Manuel Horno nace en Pamplona en 1969. Siendo un niño se adentra en el mundo de la música, primero a través del canto y más adelante con estudios en el conservatorio. Tras diplomarse en Magisterio, trabaja de profesor un par de cursos y marcha a Salamanca para licenciarse en Musicología, regresando a su ciudad natal donde vuelve a dedicar unos años a la enseñanza. A los treinta, abandona definitivamente la educación de adolescentes y se afinca en Barcelona con la compañía músico-teatral La Trova. Con ella, durante ocho temporadas, recorre parte de la geografía española.

En ese tiempo es también corista en óperas y zarzuelas, imparte cursos de música para adultos, plancha en alguna casa, sirve cafés tras alguna barra, toca el órgano en bodas y oficia funerales laicos a desconocidos. Los cuarenta los cumple en Madrid, estudiando un Máster en Gestión Cultural de Artes Escénicas en la Complutense.  Al finalizarlo, trabaja como gerente y regidor en gira de varias producciones teatrales.

Y desde Madrid se traslada a un pequeño pueblo, en un valle del norte de España, donde continua ligado profesionalmente al sector cultural. Ahí se enfrenta por primera vez a una hoja de papel en blanco y a una historia ajena, encontrando en la escritura un placer arduo y una nueva manera de expresión.

Las Haraganas es su primera novela.